jueves, 3 de diciembre de 2009

Caricia de esperanza

Siempre he intentado ser optimista. A algunos les molesta, a otros les alivia. Puede que mi lado positivo esté demasiado rebuscado para volverse realidad en algunas situaciones, pero estoy convencida de que el primer paso para lograr un objetivo es creer. Si no quieres creer que todo saldrá bien, cree que siempre existirán aquellos que están peor. Si la vida te ha maltratado, deja de darle razones, no creas que tiene ni una pizca de oportunidad de hacerte caer de nuevo. Podrás tropezar, podrá dolerte mucho, pero no caerás. Los problemas existen porque hay soluciones para ellos. Tú tienes la capacidad de desaparecerlos, como también de empeorarlos.

Yo creo en las sonrisas, creo que curan, que alivian, que despiertan aquello que diste por muerto, pero que, en verdad, estaba durmiendo. Creo que, en el momento en el que tú siembras una semillita, sabes que lo más probable es que se muera antes de germinar. Igual le dedicas tiempo y la cuidas, ¿por qué? Porque crees que sí saldrá. El día en que la cabecita del débil y pequeño tallo asoma, la alegría no cabe en ti. Desde ahí, con un poco más de seguridad, la riegas e, incluso, le hablas. La plantita sigue creciendo y haciéndose más fuerte. Es posible que algún día, por alguna razón, te olvides de ella. Seguirá esforzándose por hacerse más grande y, aunque el sol le cambie el color, sabe que, tarde o temprano, te acordarás de ella y la refrescarás. De nuevo, cree.

Cuando sientas que no queda más, que el mundo no sirve, que nos vamos directo a la perdición ahogándonos en egoísmo y asesinando lentamente lo que llamamos planeta Tierra, recuerda que basta con que salga una cabecita diferente. Te iluminará y te darás cuenta de que nunca se deben perder las esperanzas, pues, incluso en la noche más oscura, brilla una estrella. Las esperanzas siempre estarán presentes, sólo tienes que creer en ellas. Lo demás que fluya. Ya habrá tiempo para pensar en eso.

Esta fue la reflexión de medianoche, la caresse d'espoir, la caricia de esperanza, que te acompañará tal como lo haría el más fiel de los amigos.



"Si un día te da la locura de llorar, llámame. No prometo hacerte sonreír, pero puedo llorar contigo."


Para: Rodrigo Chávez, ese amigo de ideas locas y sombrero

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