viernes, 4 de diciembre de 2009

Antojo peligroso

Ayer tuve una de esas tardes dulceras y se me ocurrió la genial idea de pedir que me hicieran panqueques. La respuesta que di cuando la muchacha me dijo que no sabía qué era ni cómo se hacía fue: Harina, huevos, leche y mucho amor. Me retiré a mi cuarto para dejar que los hiciera sin que la interrumpieran. Mientras tanto, regresé a conversar por MSN con Rodrigo y Alvaro. Todo marchaba bien hasta que empecé a percibir un ligero olor a quemado y cerré todas las conversaciones para acudir lo más pronto posible a la cocina, donde me encontré con una masa de proporciones gigantescas que me miraba amenazadoramente desde la sartén prendida.

Por una parte, le bajaba el fuego a la cocina y, por otra, le echaba más leche a la masa cruda. El humo empezó a disipar y la imagen de mi mamá en la puerta de la cocina me calmó. Ella estalló de la risa con tremendo espectáculo y con un simple "Necesita un huevo más" arregló el desorden. Las mamás tienen ese efecto mágico. Luego, yo tomé el mando e hice, en un principio, panqueques deformes. Sin embargo, los dos últimos fueron perfectos. La práctica hace al maestro. Claro, cuando terminé con toda la masa, ya se me había pasado el antojo. Sólo comí uno con miel.

Las lecciones del día son:
-Los intelectuales no servimos en la cocina.
-Las mamás saben lo que uno necesita.
-La práctica hace que te equivoques mucho.
-Mucha masa te quita el antojo.

2 comentarios:

  1. jajajajaja
    ayy angiesita...yo tambien intente hacer panqueques alguna vez...solo salio un engrudo digno de art attack

    ResponderEliminar